«Hice el protocolo y sigo igual»: por qué no es culpa tuya

En la primera parte de esta serie revisé lo que se vende para reparar el intestino: qué dicen los estudios de los suplementos y de los tests, y cómo distinguir un tratamiento de un producto.

Esta segunda parte va de personas. De lo que pasa cuando el protocolo no funciona. De quién carga entonces con la culpa. Y de una idea que lo explica casi todo mejor que la mala fe: aquí apenas hay estafadores.

La salida de emergencia

Los protocolos suelen llevar una salida de emergencia incorporada. Si no mejoras, no es que el plan fallara. Es que no lo hiciste bien. O que te falta constancia. O que lo tuyo es estrés y deberías ver a un psicólogo.

Sobre esto último quiero ser muy claro, porque hay dos cosas que se parecen mucho y son opuestas.

Que un psicólogo forme parte del equipo desde el principio es excelente, y en las molestias digestivas persistentes tiene respaldo. Lo escribí en el artículo sobre el orden de las cosas: lo digestivo, lo psicológico y lo social se influyen entre sí, y trabajar en paralelo suele ir mejor.

Mandarte al psicólogo cuando el protocolo que pagaste no ha funcionado es otra cosa. Ahí nadie está sumando a un profesional al equipo. Se está trasladando el fallo del plan a la persona que lo compró.

El patrón completo se repite con una regularidad que asusta: suplementos que se van encadenando sin evaluar ninguno, una prueba cara que después nadie interpreta bien, la comida en último lugar aunque el enfoque se venda como nutricional, y al final, cuando nada de eso funciona, la culpa de vuelta a casa.

Si has pasado por esto, lo que escribí en aquel artículo vale exactamente igual aquí. Tus síntomas son reales y no son culpa tuya. Tampoco lo es que el protocolo no funcionara. Y que el estrés o el estado de ánimo puedan influir no los vuelve imaginarios ni significa que te los estés provocando.

¿Y entonces de quién es la culpa? Aquí viene lo incómodo: probablemente de nadie en concreto. Y entender eso importa, porque cambia contra qué hay que estar alerta.

Nadie tiene que ser un estafador para que esto pase

No hace falta que haya mala fe para que esto ocurra. Una afirmación puede salir de una formación, repetirse en la siguiente, ir ganando apariencia de consenso por el camino y acabar en consulta sin que nadie de la cadena haya vuelto a mirar de dónde salía. Quien la aplica al final la ha recibido como algo ya comprobado.

Ahí no hay villanos. Hay una cadena de transmisión que nadie verificó. Y de vez en cuando alguien la verifica, y pasan cosas interesantes.

En 2016, el colegio de dietistas-nutricionistas de Cataluña publicó un informe de 54 páginas sobre un posgrado universitario relacionado con estos enfoques. Su búsqueda recuperó 3.841 artículos científicos y no encontraron ni uno solo que relacionara la psiconeuroinmunología con las terapias que se enseñaban en el programa, entre las que estaban la homeopatía, la hidroterapia de colon, la orinoterapia y la modulación del agua según Masaru Emoto. El colegio pidió a la universidad que dejara de certificar el curso, y al año siguiente la universidad confirmó a un diario que lo suspendía, aunque declinó entrar a valorar si aquello era o no una ciencia.

Ese informe tiene un matiz que me parece lo más honesto del documento, y que conviene no perder: el colegio no dice que la psiconeuroinmunología sea una pseudociencia. Dice que es un campo de investigación legítimo, y que el problema está en lo que se vende bajo su nombre. La distancia entre el campo y el negocio la midieron ellos: de 3.841 artículos, ninguno conectaba una cosa con la otra.

Hay algo más reciente. En agosto de 2025, la Sociedad Española de Inmunología publicó un comunicado sobre las consultas de psiconeuroinmunología clínica y los másteres no oficiales. Rechaza expresamente esa práctica como disciplina científica y como práctica clínica, menciona la nutrición entre las profesiones a las que se dirigen esos cursos, y recuerda un dato que mucha gente no conoce: esos másteres son títulos propios, y la sociedad advierte de que no confieren una habilitación profesional específica. La diferencia entre un título propio y una titulación la expliqué en el artículo sobre quién es quién en nutrición.

Todo esto deja una pregunta legítima en el aire. Si los cursos enseñan esto y quien lo aplica se lo cree, ¿qué pasa con la gente a la que le va bien?

«Pues a mí me funcionó»

Si estás mejor, eso es lo que importa, y no voy a discutírtelo. Nada de lo que diga aquí cambia lo que has vivido.

Solo te propongo una pregunta honesta: ¿qué fue exactamente lo que te ayudó?

Porque en esos meses probablemente cambiaste tu alimentación, quizá te moviste más, dormiste mejor, y tuviste a alguien pendiente de ti que te escuchaba y revisaba tu caso cada pocas semanas. Todo eso tiene efecto, está estudiado, y no necesita ninguna etiqueta especial.

Lo contaba muy bien una paciente que explicaba en internet lo mucho que había mejorado con uno de estos enfoques. Cuando le preguntaron si aquello no era el trabajo de toda la vida de un dietista, ella misma respondió que el profesional que la atendió había estudiado nutrición clínica. Ese relato no permite saber qué parte produjo la mejoría, y sería incoherente que yo lo decidiera después de dos artículos explicando por qué no se puede. Lo que sí muestra es que casi todo lo que recibió —alimentación, seguimiento, escucha y ajustes— no necesita una etiqueta especial para funcionar.

Añade dos cosas que nos pasan a todos. Muchas molestias digestivas van y vienen solas, así que cualquier cosa que estuvieras haciendo cuando remitieron se lleva el mérito. Y que por fin te tomen en serio cambia mucho cómo vives el proceso, aunque con una experiencia individual no hay forma de repartir cuánto puso cada pieza. Nada de esto tiene que ver con ser crédulo. Somos así.

La otra cara es la gente a la que no le fue bien. Y ahí ya no hablamos solo de dinero.

Lo que se pierde de verdad

Se pierde tiempo de diagnóstico. Si detrás de tus síntomas hay una celiaquía, una enfermedad inflamatoria o cualquier otra cosa que se trata de otra manera, cada mes con un protocolo de suplementos es un mes sin descartarla. Y hay retiradas que directamente estropean las pruebas: quitar el gluten por tu cuenta antes del estudio de celiaquía puede dar falsos negativos y cerrarte la puerta al diagnóstico. Por eso insisto tanto en el orden de las cosas.

Y se pierde comida. El análisis que revisó cómo se venden estos tests advierte de que recomendar suplementos o dietas de eliminación a partir de sus resultados puede ser perjudicial, precisamente porque esos informes no tienen validez clínica demostrada. Cuando un informe te devuelve decenas de alimentos marcados en rojo y nadie pone fecha para recuperarlos, el problema ha dejado de ser el dinero.

En España existe una norma sobre publicidad de productos con pretendida finalidad sanitaria, el Real Decreto 1907/1996. Prohíbe atribuir efectos terapéuticos que no estén respaldados por pruebas científicas acreditadas, y usar testimonios de pacientes como reclamo. Lo dejo con su enlace, para que compares por tu cuenta.

Cómo trabajo yo

Después de dos artículos señalando lo que no me parece bien, lo justo es contarte mi parte y que me midas con la misma vara.

Soy Dietista (Nº 0191 ASNADI). No tengo un protocolo que sirva para todo el mundo y no vendo suplementos para «reparar» tu intestino. Lo que hago es mirar tu caso, detectar cuándo conviene que algo lo valore tu médico y qué se puede trabajar mientras tanto, ordenar la alimentación con comida de verdad, y registrar lo que pasa para saber si algo mejora o me lo estoy imaginando. Cuando el caso encaja con un seguimiento estructurado, ese proceso es DIGESTIA.

Y cuando algo de lo que te propongo no está comprobado, mi obligación es decírtelo antes, no después. Se puede probar una cosa sabiendo que es un intento. Lo que no vale es cobrarla como una certeza.

Preguntas frecuentes

¿Y si quien me lo recomienda es sanitario?

El título no garantiza el criterio para interpretar estudios, y eso vale para todas las profesiones, la mía incluida. Yo no te pido que me creas por mi titulación: te pido que mires en qué se apoya lo que digo. Por eso estos artículos van llenos de enlaces.

Me han dicho que la ciencia cambia cada dos por tres.

Cambia, y esa es su mejor cualidad. Cambia porque mide, publica los resultados y corrige cuando se equivoca. Un protocolo que nunca mide desenlaces no puede corregirse, porque no hay manera de saber si va bien o mal.

¿No hay que salirse de lo establecido para avanzar?

En consulta hay decisiones que se toman con evidencia incompleta, y eso es inevitable. Lo correcto ahí es decirlo, valorar el riesgo, cambiar una variable cada vez y observar qué pasa. Eso da información útil para tu caso, pero no convierte el resultado en evidencia científica: investigar de verdad exige diseño, método y una pregunta definida de antemano. Avisar es imprescindible, aunque no basta para que cualquier cosa sin comprobar valga.

¿La psiconeuroinmunología es una pseudociencia?

El campo de investigación, no: existe, tiene congresos y revistas serias. Otra cosa es la aplicación clínica que se vende con ese nombre en España, que la Sociedad Española de Inmunología rechazó expresamente en 2025. La distinción es del propio colegio catalán de dietistas-nutricionistas, y me parece la forma justa de decirlo.

¿Y si ya me he gastado el dinero?

No pasa nada y no eres tonto. Le ha ocurrido a muchísima gente, casi siempre después de años sin respuestas. Lo útil ahora es quedarse con lo que sí te sirvió, revisar cuáles de esas restricciones siguen teniendo una razón clara y, cuando corresponda, recuperar variedad de forma ordenada.

Sobre esta serie. Estos dos artículos se apoyan, entre otras fuentes, en el trabajo divulgativo de Raúl Martín, que codirige junto a Salvador de Gracia AENBE Academia, dedicada a enseñar a profesionales sanitarios a interpretar estudios científicos, y de José Nevado (@nevadonutricion), que publicó análisis muy completos sobre estos protocolos. Citarlos no significa que respalden este texto.

He enlazado las fuentes principales en las que se apoyan las afirmaciones científicas de este artículo. Si encuentras algo mal, escríbeme con la referencia delante y lo corrijo.

Si te está pasando

Cuéntame tu caso y te digo por dónde empezaría

Sin protocolo cerrado y sin certezas que no existen. Revisaré personalmente tu situación y, si otra opción tiene más sentido, te lo diré con sinceridad.

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