Hojas de una analitica impresa sobre una mesa de madera, junto a una taza de cafe y unas gafas

Qué se sabe hoy del intestino irritable: lo que se puede medir y lo que todavía no

Llevas meses con el intestino condicionando tu semana. Has pasado por el médico, te han hecho analítica, quizá una colonoscopia, y el resultado ha sido el mismo cada vez: no se ve nada. Te dicen que es intestino irritable y te vas a casa con la sensación de que eso no es un diagnóstico, sino una etiqueta para lo que no saben explicar.

En The Lancet Gastroenterology & Hepatology se publicó una revisión que resume lo que se sabe hoy sobre por qué ocurre el síndrome del intestino irritable. La firman cinco investigadores de referencia en el campo y no promete nada: precisamente por eso vale la pena contártela.

Por qué te dicen que «está todo bien»

El intestino irritable afecta a entre el 5 y el 10 % de la población mundial, con más frecuencia en mujeres. Y sigue sin existir un biomarcador: no hay ningún valor en sangre, en heces ni en una imagen que permita decir «esto es intestino irritable» o descartarlo.

Eso no significa que el diagnóstico sea lo que queda cuando todo sale normal. Las guías llevan años pidiendo lo contrario, un diagnóstico clínico positivo, hecho sobre un patrón de síntomas reconocible y con unas pocas pruebas dirigidas cuando el cuadro lo pide, en vez de una batería para descartarlo todo. Los criterios que definen ese patrón se actualizaron en 2026 con la quinta versión de Roma, y conviene saber que son una herramienta clínica en revisión constante, no una prueba. De hecho, un estudio de precisión diagnóstica hecho en un solo centro especializado encontró que los criterios nuevos detectan menos casos que las versiones anteriores, y sus propios autores dicen que la relevancia clínica de eso todavía es incierta.

Que un informe salga normal quiere decir que se ha comprobado el puñado de cosas que se parecen a esto y no estaban. No significa que no te pase nada, y tampoco es, por sí solo, el diagnóstico.

Dicho eso, hay señales que sí piden que alguien las mire antes de quedarse con la etiqueta.

Señales que piden una valoración antes

  • Pérdida de peso que no has buscado
  • Sangre en las heces o en el vómito
  • Anemia, o hierro, ferritina o B12 bajos sin causa clara
  • Fiebre mantenida junto a síntomas digestivos
  • Dolor o diarrea que te despiertan por la noche
  • Un cambio del ritmo intestinal que se mantiene y no se explica
  • Síntomas de intestino irritable que aparecen por primera vez pasados los 50
  • Hinchazón casi diaria durante semanas, sobre todo en mujeres a partir de esa edad
  • Antecedentes familiares de enfermedad inflamatoria intestinal, celiaquía o cáncer de colon
  • Un bulto en el abdomen que notes al palparte, o ganglios inflamados
  • No poder defecar ni expulsar gases

Los dos puntos que hablan de los 50 tienen un motivo concreto. La guía británica NICE de sospecha de cáncer recomienda descartar una causa de ovario cuando unos síntomas de intestino irritable aparecen por primera vez pasados los 50, porque a esa edad rara vez debutan, y también cuando la hinchazón se repite casi a diario durante semanas. Es poco frecuente, pero se descarta rápido y merece la pena hacerlo antes de dar por buena la etiqueta.

Lo que la investigación de las últimas tres décadas sí ha identificado es una lista larga de alteraciones que aparecen en distintas personas con el mismo diagnóstico. Y ahí está la clave que cambia cómo se entiende hoy: dos personas con la misma etiqueta pueden tener mecanismos distintos detrás.

Lo que ocurre en el intestino y lo que ocurre en el cerebro

La revisión ordena los mecanismos en dos grupos y un tercero que los une.

En el intestino se han descrito una infección digestiva previa, cambios en la microbiota, hipersensibilidad visceral (el mismo estímulo duele más), un aumento de la permeabilidad de la barrera intestinal, inflamación de bajo grado con activación inmunitaria, alteraciones de la motilidad, y cambios en la serotonina, en el metabolismo de las sales biliares y en la absorción de hidratos de carbono.

Un apunte sobre la permeabilidad, porque es la que más se ha vendido. Que se hayan descrito alteraciones en investigación no quiere decir que exista un diagnóstico de «intestino permeable» que puedas comprar, ni un test que sirva para decidir qué comes. La propia revisión que resumo aquí deja la permeabilidad fuera de lo que hoy se puede cuantificar con pruebas fiables.

En el cerebro, dos: la salud psicológica y una alteración en cómo se procesa el dolor a nivel central.

Conviene detenerse aquí, porque esto se malinterpreta mucho. Que el procesamiento del dolor esté alterado no quiere decir que el dolor te lo estés inventando. En algunas personas, la forma en que el sistema nervioso procesa las señales que vienen del intestino también contribuye a la intensidad con la que se viven. El dolor es real y el mecanismo también.

Los dos grupos se comunican por el eje intestino-cerebro, que funciona en las dos direcciones. Por eso el intestino irritable se clasifica hoy como un trastorno de la interacción entre el intestino y el cerebro, y no como un problema exclusivamente digestivo.

Cuando todo empezó después de una gastroenteritis

Es una de las historias que más escucho en consulta: «yo estaba bien hasta que cogí una infección en un viaje». Tiene nombre y tiene cifras.

Alrededor de 1 de cada 9 personas que pasan una infección digestiva aguda acaba cumpliendo criterios de intestino irritable. Se llama intestino irritable postinfeccioso. El metaanálisis que reúne esos datos avisa de dos cosas que conviene leer juntas. La primera es que la variabilidad entre estudios es enorme. La segunda es que comparó expresamente las cifras a los 3, 6, 12, 13-59 y más de 60 meses y no encontró diferencias significativas entre ellas. Los síntomas pueden persistir más allá del primer año en una parte de las personas, pero eso no describe una escalera que sube con el tiempo, y desde luego no describe tu evolución.

El riesgo no es igual según qué lo causó. Las infecciones por parásitos y protozoos son las que más se asocian, seguidas de las bacterianas y después de las víricas.

Si tu historia empieza ahí, merece la pena que se lo cuentes a quien te atienda. No cambia el diagnóstico, pero sí ordena el relato y ayuda a entender por qué tu caso se comporta como se comporta.

Frecuencias observadas en estudios según el tipo de infección

Parásitos y protozoos30–40 %

Bacterianas14–18 %

Víricas, incluida la COVID6–12 %

Estas horquillas no sirven para calcular tu riesgo individual. Dentro del primer año el metaanálisis comparó los patógenos entre sí y no encontró diferencias significativas; la diferencia aparece después, y a partir de ahí el exceso de riesgo baja con el tiempo tras una infección bacteriana y se mantiene tras una parasitaria.

Horquillas aproximadas reunidas de los tres metaanálisis citados abajo, con muchísima variabilidad entre estudios y pocos trabajos para algunos patógenos.

Qué se puede evaluar, y por qué no hay un panel

De toda esa lista de mecanismos, la revisión solo da por cuantificables tres cosas. Y conviene decir de entrada que no son tres versiones de lo mismo, ni forman un panel que encuentre la causa de tu caso.

Una causa distinta que se le parece. En determinados cuadros de diarrea persistente, el médico puede valorar causas tratables como la diarrea por ácidos biliares, que es capaz de imitar por completo un intestino irritable con diarrea y para la que existen pruebas específicas. La revisión lo cuenta entre los mecanismos del propio intestino irritable. En la práctica se maneja de otra manera, como una causa tratable que conviene descartar antes que darla por parte del cuadro.

Una variable fisiológica que se puede medir. El tránsito colónico se mide, y se relaciona con la forma de las heces sobre todo en los extremos de la escala. No es una prueba de rutina ni algo que tengas que pedir por tener el ritmo alterado. Se hace en contextos concretos y lo decide quien te atiende.

Algo que se valora con cuestionarios. La parte psicológica se explora con cuestionarios validados, que es otra cosa que medir un mecanismo. Forma parte del cuadro en algunas personas y ayuda a saber quién se beneficiaría de trabajar también ese frente.

Lo que se vende como prueba y no lo es

Aquí la revisión es inusualmente directa, y creo que te interesa leerlo tal cual.

Sobre los análisis de microbiota que se venden directamente al público, dice que se han planteado preocupaciones por la falta de regulación y supervisión adecuadas, y que hay escasa evidencia de que sus resultados puedan usarse para ajustar el tratamiento, incluida la manipulación dietética.

Y sobre la microbiota en general, aun reconociendo la enorme cantidad de literatura publicada, resume que los hallazgos son inconsistentes, que fluctúan con el tiempo y que su relevancia clínica es incierta.

Que un mecanismo sea real no significa que exista una prueba fiable para medirlo, y que exista una prueba en el mercado no significa que sirva para decidir qué comes. Son dos cosas distintas, y en este campo se confunden mucho.

Qué hacer con todo esto

Lo primero, y quizá lo más importante: que no haya un biomarcador no quiere decir que no haya nada que hacer. Lo que sí quiere decir es que el camino no pasa por encontrar la prueba definitiva. Pasa por ir viendo qué patrones se repiten en tu día a día y qué variables se pueden mover, sin adjudicarle cada síntoma a un mecanismo que hoy nadie puede medirte con fiabilidad.

Tres cosas que puedes llevarte:

  • Si tu cuadro es de diarrea persistente, que sepas que hay causas tratables que pueden parecerse mucho, y que el médico puede valorarlas según tu contexto.
  • Si todo empezó tras una gastroenteritis, dilo. Es información clínica, no una anécdota.
  • Antes de pagar por un análisis de microbiota, pregunta qué decisión concreta va a cambiar según el resultado. Si no hay una respuesta clara, la revisión sugiere que probablemente no la haya.

El trabajo que sí se puede hacer mientras tanto es el de siempre y no es poco: ordenar la alimentación con criterio, registrar lo que ocurre para poder leer patrones en vez de intuiciones, ajustar según lo que pase de verdad y coordinar con tu médico cuando algo lo requiera.

Los autores cierran diciendo que el objetivo es que estos mecanismos se conviertan en herramientas que permitan un tratamiento más personalizado. Todavía no estamos ahí. Pero saber qué se sabe y qué no te ahorra dinero, tiempo y unas cuantas decepciones.

Si te está pasando

Doce semanas de seguimiento para ordenar la alimentación cuando la digestión te condiciona el día

DIGESTIA es el programa con el que trabajo cuando la hinchazón, las molestias digestivas o una alimentación cada vez más limitada están condicionando el día a día: registro diario, ajustes cada semana y un plan construido sobre lo que comes de verdad.

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